lunes, 28 de marzo de 2011

"Guerra fria y sus movimientos culturales"

La Guerra Fría no fue sólo un choque de imperios militares y económicos; lo fue también de formas de vida y de culturas rivales. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la economía norteamericana vivió una creciente internacionalización y buscó extenderse hacia mercados extranjeros. Tras el plan Marshall, Estados Unidos alentó la libre empresa como base de su modelo económico. Entre 1950 y 1970, las exportaciones norteamericanas se cuadruplicaron. Durante la Guerra Fría, las corporaciones multinacionales florecieron. En 1968, el 40 % de las inversiones estadounidenses en Francia, Gran Bretaña y Alemania oriental fueron realizadas por sólo tres compañías: Ford, General Motors, Standard Oil de Nueva York. IBM, Ford y Exxon invirtieron grandes cantidades en Europa, Sudamérica y Asia. Cada base militar estadounidense se convirtió en un puesto de avanzada de la cultura y marca americana. En el mundo, la Coca Cola y los blue jeans fueron símbolos de la cultura del consumismo, objetos que millones aspiraban a lucir.

Pero en Estados Unidos, la prosperidad no fue repartida igualitariamente. En el mar de abundancia aún quedaban islas de pobreza. En los inicios de la década del '60, más de cinco millones de americanos estaban cesantes; el desempleo de los negros era nueve veces mayor al de los blancos. En los estados del sur, el racismo era una realidad. Blancos y negros no se podían sentar juntos en los buses, comer en los mismos restaurantes, beber en los mismos bares y asistir a los mismos colegios. Las protestas, que comenzaron en la década de los 50 contra el apartheid legal, se generalizaron durante los años '60. Martin Luther King, un joven pastor negro, lideró una protesta en Alabama contra la segregación en los buses públicos. King predicó a favor de la no violencia. Durante los noticiarios se mostraron imágenes donde policías golpeaban brutalmente a manifestantes. Lentamente, este grupo minoritario comenzó a obtener la solidaridad nacional e internacional. Aparecieron las primeras demandas por los colegios sin segregación.

En agosto de 1963, King lideró una marcha masiva en Washington y 200 mil partidarios de los derechos civiles se reunieron para oírlo. "Tuve un sueño", proclamó. "Ahora es tiempo de abrir las puertas de las oportunidades para todos los niños de Dios". La cantante Joan Baez guió en el coro de "We shall overcome". Bob Dylan cantó que había "Vientos de cambio". La manifestación en los jardines de la Casa Blanca llamaba a combatir las leyes racistas y a la igualdad de oportunidades para los negros en educación y trabajo. El Presidente John F. Kennedy invitó a los líderes a la Casa Blanca y los felicitó. "Los derechos de todos los hombres son disminuidos cuando los derechos de un hombre son pasados a llevar". Pero el Mandatario sabía que necesitaba el respaldo del sur, y vaciló antes de actuar decididamente.

Después del asesinato de Kennedy, Lyndon Johnson adoptó nuevas prioridades, como construir lo que él llamaba la "gran sociedad" y una "incondicional guerra a la pobreza". En julio de 1964, firmó el acta de los derechos civiles dejando fuera de la ley la discriminación racial. Pero la igualdad estaba lejos de ser una realidad en el sur. Una nieta de un esclavo, que había sido tan golpeada que no podía caminar, dijo en televisión: "esta es América, la tierra de la libertad y la casa de los valientes donde nuestras vidas son amenazadas a diario porque queremos vivir como seres humanos decentes".

En las ciudades del norte, la segregación residencial obligaba a las minorías raciales a vivir en gigantes ghettos. En el verano de 1965, el ghetto negro de Watts, en Los Angeles, explotó convirtiéndose en el primero de una serie de motines dentro de la ciudad. Quince mil tropas habían sido llamadas, el ghetto ardió por una semana. Miles de edificios fueron destruidos; cuatro mil negros fueron arrestados; mil personas fueron heridas; 34 fueron asesinadas. En los tres años siguientes, las ciudades del norte experimentaron "largos y ardientes veranos", de descontento, motines y brotes de violencia. Estos culminaron en 1967, en Newark y en Detroit, donde 43 personas perdieron su vida y 250 millones de dólares en propiedad fueron destruidos. La revista Newsweek tituló "la tragedia americana". Los motines racistas ayudaron a crear una "reacción contra los blancos" y una profunda división dentro de la sociedad americana. Mientras Washington decía guiar al mundo libre contra la tiranía del comunismo, la pobreza y la injusticia, los conflictos dentro del país eran vergonzosos. Norteamérica libraba una guerra dentro y fuera de su territorio.

                                                                                                             

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